Ir al contenido principal

Un viaje de colores y sensaciones


Honestamente no sabría a ciencia cierta, en que momento supe que viajar era de las cosas que más disfruto de ésta, mi vida, la única que tengo, la que moldeo a mi antojo, la pinto, la lleno de texturas, magia y formas.


Tal vez todo comenzó a mis ocho años cuando comenzaron a comprar (para mis hermanos y para mi), las enciclopedias de Billiken, de esas muy útiles para la escuela. Recuerdo que mi favorita era la de el antiguo Egipto. Estaba fascinada con las historias sobre el joven faraón egipcio: Tut-ank-amon. Supe en aquel entonces, que los sitios arqueológicos, ricos en patrimonio arquitectónico, artístico y cultural, eran de mi mayor interés. Aquella podría ser una idea de como me interesé por viajar, pero también tengo otra teoría. Cuando tenía quince años, mis padres se separaron y tuvimos que cambiar de casa, barrio y escuela, aunque convengamos que nunca me asenté en un sólo lugar, con decir que entre jardines y escuelas, en un lapso de los 3 años a 17 años, he ido a siete diferentes; quizás por eso me siento de todas partes y ninguno a la vez. En fin, retomando el hilo, a mis 15 años comenzaba en mi colegio número siete y con la gran ventaja de que el profesor de geografía, organizaba viajes de estudio. Fue así, que en 2002 conocí  San Rafael, con sus montañas y ríos color esmeralda. En 2003 llegó el turno de Puerto Madryn, visitando a las ballenas en Puerto Pirámides (dónde me encuentro actualmente) y por último, en 2004 llegó el turno de Mina Clavero (Córdoba) y el Parque Nacional Sierra de las Quijadas (San Luis). Ésta también podría ser otra teoría de porque me gusta viajar. 


Quienes me conocen saben que tiendo a racionalizarlo todo, a encontrar la raíz del asunto para comprender el porqué las cosas y personas son como son, pero en cuanto a viajar, lo único que sé, es que es una necesidad.


 La mayoría de las personas viajan como turistas. Pagan por un itinerario con todo incluido, o no, y dos semanas más tarde vuelven a la cotidianeidad de la vida hasta el próximo feriado largo y/o vacaciones. Yo no puedo. Necesito de más tiempo. Necesito encontrarme a cada instante, no perderme nada. No perderme a nadie.


Poco más de un mes atrás llegaba a Puerto Pirámides, y un mes atrás de eso, volvía de Chile; y mes medio y más, antes de cruzar la Cordillera  los Andes, llegaba a Mendoza Capital. Poco antes de mi viaje, un buen amigo me dijo que me iba a enamorar de Pirámides y que era un lugar "mágico", en su momento éste amigo también me había hablado bastante bien de Mendoza. El caso es que, tanto en Pirámides como en Mendoza, el flechazo a primera vista tardó en llegar. Mis preferencias tienen que ver con lagos, montañas bañadas de verde y bosques; claramente, los sitios mencionados son todo lo opuesto.

Hay una frase de mi novela favorita "Bajo la misma estrella" de John Green, que dice algo así como "Me enamoré como cuando te quedas dormido, primero lentamente, y luego de golpe", eso mismo fue lo que experimenté con Mendoza y Puerto Pirámides. Cada uno tiene su encanto, eso que los hace únicos. Esto me llevó a pensar (que raro yo atando cabos), que los seres humanos tenemos la tendencia de ponernos en jurados de no-sé-qué, a la hora de comparar cosas que no tienen punto de comparación, o incluso, a menospreciarlos porque o no tienen esto o no tienen aquello. Creo que a ninguno de nosotros nos gustaría que nos juzguen por no tener el color de piel o ser del equipo de fútbol, que otros quieren. 


Hay belleza en todas partes, inclusive, si el paisaje parece demasiado monótono, es cuestión de explorarlo, para encontrarse con mucho más. Formas, colores, texturas, aromas.

Creo que todos los puntos de vista son válidos, siempre y cuando se sostengan en un fundamento. Creo que todos los lugares son hermosos. A veces es amor a primera vista, otras veces ... hay que quedarse a ver que pasa. 

Dunas, verde y flores, todo coexistiendo en un mismo lugar.

Otros post que te pueden interesar:



Cuyo:




Entradas populares de este blog

Qué hacer en Puerto Pirámides

Para ubicarnos geográficamente, Puerto Pirámides se encuentra en la Región Patagónica de la República Argentina, más precisamente al este de la provincia de Chubut y al centro oeste de Península Valdés., a orillas del Golfo Nuevo. Dicha península es en su conjunto una reserva natural (razón por la cual, se debe abonar la entrada a la misma), que fue declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO en el año 1999 debido a la riqueza de su fauna marina, entre la que destaca la Ballena Franca Austral que se encuentra en peligro de extinción. Los Pingüinos de Magallanes, lobos y elefantes marinos, comprenden parte de sus atractivos, al igual que una inmensa fauna de aves.
Ahora bien, si leyeron Patagonia Salvaje, habrán leído varias de las actividades que podrán realizar,  y que aquí ampliaré un poco más.
Qué hacer en Puerto Pirámides
* Avistaje de ballenas (temporada de junio a fines de noviembre): Ronda los $1400 pesos argentinos (U$D 80) con una duración de hora y media y guia…

Presupuesto mochilero

Creo que la pregunta existencial en todo momento es el tema del costo de vida durante los viajes. Concuerdo con muchos  (ahora lo sé), que para viajar no se necesitan grandes inversiones, al menos si se empieza desde Sudamérica.


1. Establece un fondo para tus viáticos

Respecto de éste tema en cuestión, la solución más sencilla es siempre hacer dedo (yo aún no lo he hecho) y claramente ahorraras en gran medida. Ahora bien, en caso contrario: A- Puedes comprar tus tickets de viajes con antelación o B- buscar las mejores ofertas en el lugar de destino o alrededores. Está en cada uno consultar por Internet o bien directamente desde la terminal de ómnibus dónde muchas ofertas están publicadas en las vidrieras de las agencias de pasajes.

Vidriera de ANDESMAR en Terminal de ómnibus de Mendoza - Mayo '17
2. Lleva un libro de gastos

Es una buena opción para tener en cuenta en que cosas en imprescindible gastar, y en cuáles no. El Bloc de notas del celular es siempre un buen aliado.
3. Estab…

Mi primer voluntariado '17 (Parte I)

Mendoza me recibió con lluvia. De hecho, no exagero en decir que mi viaje estuvo pasado por agua. Llovía desde que salí de Mar de Ajó y de allí en más hasta llegar a destino.
Pizarra de bienvenida 
Al bajar de la terminal, el paso uno fue pedir un plano de la ciudad (casi ininteligible), en información turística. Lo siguiente fue cruzar la avenida para tomar el colectivo.  Ingenua de mi preguntando si allí se usaba SUBE (Sistema Único de Boleto Electrónico). "Ya quisieras", pensé para mis adentros. Mi yo cavernícola quería preguntar si se podía pagar con billete, me contuve. "Se paga con tarjeta " , me dijo una chica. La tarjeta es tipo como la SUBE, pero propia de Mendoza. No billete, no monedas, mi tener que caminar. Con mochila a cuesta de 60 litros me recorrí más de 2km hasta finalmente llegar a destino. Fui recibida por Belu, mi anfitriona,  con una sonrisa y energía increíble. No pude evitar sentirme reflejada en ella porque prácticamente gozamos de la misma …