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Un salto de más de 3600 km

Dentro de mi lista de deseos, viajar, conectar con personas de otros lugares, conocer la nieve, estaba entre lo anhelado y lo que incluso pareció ser lejano. Dicen que las limitaciones siempre son las barreras mentales, antes que las circunstanciales propiamente dichas. De los 6 a los 17 la obligación de todo individuo es la de formarse para convertirse en "el futuro". De los 18 a 25 (en promedio) tenés que seguir estudiando para tener en el futuro un buen pasar y de allí en más trabajar para pagar el estudio, deudas innecesarias, etc. Si hay algo que tengo en claro a mis 30, es que sin duda ésta es la mejor edad, porque después de haber pasado todas las etapas anteriores, sigo con la convicción de que no hace falta trabajar por una montaña de posesiones que se transformarán en deudas, que a su vez se transformarán en horas extras de trabajo, que se traducirá en cansancio seguido de estres para olvidar cual es el significado básico de la vida: vivirla. Entonces mi pregunta es, si siempre nos estamos preparando para el futuro, el cual ni siquiera tenemos asegurado porque nadie tiene la vida comprada, ¿en que momento nos preparamos para vivir el ahora? ¿Por qué hoy es menos importante que mañana? ¿Quién nos asegura que todos los planes que dejamos para después, en verdad se concreten? ¿Por qué tenemos mas miedo en vivir, que a que la rutina nos vaya marchitando silenciosamente? ¿Por qué? ¿Para qué?...


Domingo por la tarde Solcito y yo abandonamos lo que llamaríamos entre colegas el "Slave Top Model" o más oficialmente "El Colorado Apart Hotel". Nos despedimos de los compas con un fuerte abrazo y con los deseos de que todo lo que va a venir va a ser mejor.

Adán from Brasil y yo a través de la ventana. Lo más bello de haber conocido a éste increíble ser humano, es al amigo incondicional y leal que siempre está dispuesto para el que lo necesite.


Luz (Chile), Adán (Brasil) y yo (Argentina)

Las curvas cerradas desde una altura de casi 3000 m.s.n.m me pasan factura a lo largo de los supuestos 45 minutos que dura el descenso hacia Santiago. El conductor del transfer nos deja en una Avenida en la que no reparamos en el nombre y nos indica en que dirección caminar hacia el metro. Caminamos al menos unos 15 minutos hasta que nos damos por vencidas; aún estamos muy lejos del departamento de Karim. Nos arriesgamos y con nuestros bártulos y caritas de mochileras argentinas, pedimos al conductor si nos deja pagar en efectivo. Cómo el sistema es con tarjeta BIP (se consigue en centros BIP o metro $1550 chilenos), de la cual no disponíamos, el conductor nos invita a subir sin costo alguno. Descendemos a metros de la estación de metro Manquehue y por pura inercia llegamos hasta el complejo de apartamentos en el que vive Karim, nuestro couch en Las Condes, pero que curiosamente no es chileno sino árabe. Después de un particular desencuentro Karim nos recibe en la recepción con su característica buena energía y nos indica que nos pongamos cómodas ya que tiene que regresar a trabajar.

Pocas horas más tarde, Karim llega con su amigo (también árabe), a quien conocemos cómo Pedro y quien a su vez prepara la cena: salmón con especias y arroz hindú.

Solcito, Karim, Pedro y yo.

Pedro es tan amable y agradable cómo Karim y a pesar de sus limitaciones con el idioma español, hace lo posible para comunicarse. La noche continua con charlas sobre la cultura árabe y Argentina y culmina con una comedia norteamericana. En los días que siguen tenemos que lidiar con las formalizaciones legales del trabajo, compras y caminatas por Santiago.

Parque Araucano, Las Condes.

Finalmente, despues de no encontrar pasaje para el dia 1, de agosto, terminamos consiguiendo para el 2 de agosto, por CATA Internacional en el horario de las 9:30 am. Cerca de las 14hs del día siguiente atravesamos la Cordillera de los Andes.

Pasado el mediodía llegamos a la aduana del lado argentino. Contrariamente a lo que fue fines de abril (que teñia la Cordillera y precordillera de blanco), ésta vez el paisaje se lucía con sus amarillos y marrones típicos de una primavera precoz.

Pasan al menos dos horas hasta que abandonamos la aduana. A los muchachos siempre les gusta tomarse su tiempo para ver que pueden incautar. Durante ese tiempo (en la aduana), Solcito y yo interactuamos con una pareja veinteañera de jóvenes venezolanos que nos cuentan las terribles circunstancias de las que vienen y la incertidumbre de saber si volverán. Me cuentan que desde hace años no hacen "mercado" (la compra del mes), que el Gobierno sólo les provee de una bolsa mensual de arroz, fideo y atún. Me cuentan que prohibieron el ingreso y entrada de venezolanos en Venezuela y que lamentablemente sufrieron mucho discriminación (no por los habitantes) en las aduanas de Ecuador y Perú por ser venezolanos y que incluso en Ecuador sólo le permitían una estadía de 15 días. También me comentaron sobre las bombas que tiraban en los barrios, la inseguridad y como los mismos policías (en servicio) se metían a fuerza a robar en las casas. Me.contaron que por sobre todo su viaje había nacido con el fin de lidiar con el estrés y ataques de pánico producto de tan desoladora realidad. 

De un modo u otro, siempre sostengo la teoría de que el viajar es capaz de sanar cualquier dolor. Pero bueno, están los que se animan y lo que se quedan mirando hacia atrás.

Solcito y yo en la aduana Argentina.

Con Solcito contemplamos la precordillera antes de volver al bus. Cantamos el Himno Nacional mientras contemplamos la celeste y Blanca que ondea desgastada desde el techo de chapa de la aduana. Nos sentimos aliviadas y emocionadas de estar en nuestras tierras. La tierra del buen comer, gente bulliciosa y alegre. Es increíble cómo los pequeños detalles son tan indispensables en el día a día.

Llegamos a la terminal de Retiro alrededor de las 9:30 am. Con Solcito no podemos creer que 24hs horas de viaje se esfumaron así como así. Al bajar del bus, Beto recibe a Solcito con amor y ternura, ¡al fin los pololos están juntos! Poco después me despido de ellos y me introduzco en la terminal en busca de la boleteria del Cóndor Estrella. Consigo bus con destino a Mar de Ajó por la nada módica suma de $493 (U$D 28) ¿¡Por qué sale tan caro viajar en Argentina!? En fin, Buenos Aires, caótica cómo siempre, nos hace salir de Retiro media hora después de lo pactado.

Observo el paisaje, verde, plano, típico de la estepa pampeana. Rememoro las últimas semanas. Yo recibiendo el e-mail de confirmación para el voluntariado a Mendoza. Yo sacando el pasaje y partiendo a la semana siguiente. Yo llegando a Mendoza, que me recibía gris y bulliciosa. Luego esa misma noche recibiendo el llamado de Pilar para tramitar mi VISA de trabajo en Chile. Y luego todos los recuerdos se agolpan juntos: Chelsea from Boston y yo subiendo el Cerro Arco, luego más adelante Leti from Brasil y Víctor from Francia haciendo el mismo trayecto. Y Jackie, mi amiga querida; nuestras charlas sobre la vida, el pasado, presente y futuro. Los días y recuerdos se funden en colores cálidos y luego se tornan fríos. Si, fríos. Porque así me recibe El Colorado: frío y blanco. Avanzamos 200 metros. Richard from Chile y Leandro from Argentina avanzan delante mío. El viento y la nieve nos empujan. Avanzamos. La puerta del hotel se abre y una cachorrita golden nos recibe saltarina y excitada. Atravieso la segunda puerta. Francisco (el dueño del hotel), Luz from Chile y Adán from Brasil, me reciben. Me presento a lo cual Adán me presenta ante Luz como su "esclava nueva". Llevo mis bártulos hasta la habitación y minutos más tarde comienzo oficialmente mi jornada laboral.

Por cosas de la vida, me toca volverme. Claramente a pesar de haberme graduado en turismo, mis itinerarios nunca salen cómo los planifico. Aunque también es un hecho que en todo viaje surgirán imprevistos.

Vuelvo a Mar de Ajó después de 100 días de viaje, más de   3600 km en ruta (entre ida y vuelta),y  habiendo visitado cinco ciudades (Mar del Plata, Mendoza Capital, Valparaíso, Viña del Mar y Santiago de Chile). Vuelvo con los abrazos mañaneros de mi querido amigo Adán quien siempre nos contagió con su sentido del humor tan caracteristicamente negro y ése acento brasileño que derretia hasta el más duro. Vuelvo con las constantes risas y caminatas al atardecer con Luz y con su continuo bulling hacia Sol y mi por ser unas argentinas tan ruidosas ¡Jajajaja! ... Vuelvo con las carcajadas y bromas de toda índole de mi compatriota Solcito y aquellos segundos en los que la tierra tembló bajo nuestros pies. Vuelvo con una interminable gratitud hacia Jhony, Ivonne y Karim por haberme abierto las puertas de sus hogares. Jhony, gracias inmensas por la dedicación en tus guiadas y mostrarme en tan poco tiempo las riquezas artísticas de Valparaíso y Viña. Ivonne, gracias por tu energía, tu creatividad y salidas gastronómicas. ¡Karim! Gracias por haberme recibido en dos ocasiones y ambas con mis compas de trabajo. Sos el sinónimo de la generosidad, bondad y amistad. 

Si hay algo que aprendí y sigo aprendiendo, es que si bien el primer fin de viajar (en mi caso) es conocer gente, lo loco en todo esto, es viajar para conocer a completos extraños en circunstancias más que improvisadas. ¿No es curioso como uno si se lo propone, puede hacer de cada día un maravilloso regalo? ... Una maravillosa sorpresa?

15:47 hs, después de meternos en cuanto pueblito del que no había oído nombrar,  al fin tomamos la RP 11, camino a mi destino final: Mar de Ajó. Estoy mirando hacia adelante (literalmente). Árboles, campo, hierva, autos lejanos. Aún me queda un largo camino. Pero eso es lo de menos, me espera un fuerte y cálido abrazo de mi hermano ¿Valió la pena atravesar la Cordillera, y el océano de punta a punta? Siempre lo vale ...




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>>>Bolivia:  Potosí - Copacabana - Isla del Sol.

>>>Perú:  Cuzco -  Arequipa - Cajamarca -  Chachapoyas - Leymebamba - Juanjui - Cusco (Parte II) - Cusco(Parte III) - Ollatantaymbo.


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